Viernes, Agosto 18, 2017

Cañasgordas es un municipio antioqueño de clima templado, situado a 133 kilómetros al norte de Medellín, por la vía al mar. La vereda La Balsa, a doce km del casco urbano, es de tradición cafetera, pero con la crisis del producto hacia 2005 muchos campesinos comenzaron a buscar opciones.

Alguno de ellos oyó de una convocatoria municipal para entregar trapiches comunitarios a quienes tuvieran sembrada caña de azúcar, ese fue el origen de Agrobalsa. Diez labriegos se asociaron para obtener uno, pero con el claro propósito de no hacer más de lo mismo. Querían avanzar, innovar para lograr mejores ingresos, desaprender todas esas prácticas que los amarraban al pasado y los hacían improductivos.

Se pusieron metas que han logrado una a una. Trabajar en equipo, por ejemplo: los socios hacen intercambios de mano de obra y de tiempo para bajar los costos. Pero además lograr una producción limpia, orgánica, libre de agroquímicos, la que sumada a una siembra con labranza mínima pretende preservar el medio ambiente y agregarle valor a su producto.

“Nosotros hemos sido siempre inquietos y pensamos que había otras veredas que ya estaban produciendo panela, entonces buscamos un nuevo producto que fuera innovador para el mercado –cuenta Aurelio Torres, presidente de Agrobalsa-, nos pusimos a investigar y conocimos el proceso de pulverización”.

Así comenzaron a procesar manualmente la panela y con la ayuda del Sena y otras instituciones a mejorar el producto para su comercialización, proceso que los ha llevado a ofrecer panela pulverizada con sabor a maracuyá, limón o mora. Al grupo de diez productores se sumaron seis mujeres dedicadas al procesamiento y empaque del producto.

Y apareció A Ciencia Cierta

“Nos presentamos a A Ciencia Cierta con nuestra producción orgánica y el sistema de siembra con agronivel y labranza mínima –cuenta Aurelio Torres-. Una necesidad que teníamos era conseguir la maquinaria que nos permitiera optimizar ese proceso. Entonces le propusimos a Colciencias comprar la pulverizadora, ya lo hicimos y está en plena producción (de 20 libras por saco pasamos a 33, reduciendo el porcentaje que hay que reprocesar). Pero también tenemos un horno tradicional, un horno que no es muy eficiente en la producción de panela en bloque. Entonces aprovechando que el concurso es de Ciencia, Tecnología e Innovación, buscamos mejorar la tecnología y propusimos cambiarlo por un horno tipo CIMPA, que nos aumente la producción de 30 cajas por horneada por lo menos a 80”.

Querían hacer un cambio tecnológico pero hacerlo bien. “No queremos trabajar con una nueva tecnología sin conocerla, -continúa Aurelio-, entonces buscamos ayuda técnica para poder conocer otros modelos de producción. Y lo que hicimos fue ir al municipio de San Roque, acá en Antioquia, a conocer una experiencia que utiliza este tipo de horno. Además nos sirvió para incorporar varias cosas que nosotros no hacíamos”.

Pero el proceso de fortalecimiento que arrancó Agrobalsa gracias a haber sido escogida como una de las 20 propuestas ganadoras de la segunda versión de A Ciencia Cierta no se quedó en las máquinas. Colciencias le propuso a la asociación la asesoría de tres expertas en dimensiones claves del mejoramiento de su producción.

Una de ellas, Laura Osorno, ingeniera biológica experta en suelos e investigadora de la Universidad Nacional de Medellín, les abrió los ojos sobre la importancia del suelo y su fertilización para incrementar la producción de caña. “Mi función ha sido apoyarlos en caracterizar los suelos, mirar cómo están sus componentes. También los apoyé en determinar cómo mejorarlos y qué tipo de fertilizantes orgánicos usar para mejorar los rendimientos de la caña”, comenta Osorno.

Para ese proceso los asociados destinaron un lote común donde a partir de un plan de manejo y fertilización, con enmiendas orgánicas y aplicación de microorganismos, trabajan en mejorar los rendimientos y la productividad. Los socios llevarán un registro de la evolución del cultivo, para aplicar lo aprendido en sus propias parcelas.

“La idea es que este lote se maneje de una manera más técnica siguiendo la línea de lo orgánico y que ellos aprecien los resultados de este tipo de manejo, -comenta ‘la profe’, como le dicen ellos-. Irse por el lado orgánico aunque es poco común es muy interesante porque tienen cómo explorar otros mercados. Cada vez más lo orgánico coge fuerza y en términos económicos los productos orgánicos son de más alto precio de los que no lo son”, agrega.

Además está Myriam Duque, del Sena, que los acompaña con capacitación en mercadeo y características del producto y los ha contactado con otros técnicos del Sena para que los ayuden con los registros de siembra y producción. Luz Dary Tamayo, de Fedepanela, los apoya definiendo una nueva variedad de caña para el cultivo experimental y con contactos para comprar insumos y para muchos otros procesos. “Ellas tres han sido un aporte muy significativo para nuestro proceso de fortalecimiento porque nos han ayudado a alcanzar nuestras metas y a encontrar lo que nosotros no sabemos dónde buscar”, comenta Aurelio.

Los socios de Agrobalsa también se han preocupado por compartir el conocimiento adquirido. “Nosotros le estamos contando a la comunidad constantemente lo que estamos haciendo y la estamos invitando para que nos visiten y conozcan los avances del proyecto. Y han venido tanto de este como de otros municipios de la zona, como Abriaquí, Sopetrán, San Roque, Liborina”, confirma Aurelio.

Y no duda en destacar el papel que ha tenido el concurso en el proceso de crecimiento de la asociación: “A Ciencia Cierta ha sido un proceso muy significativo para nosotros porque nos ha ayudado a crecer en conocimientos para el mejoramiento de los cultivos. Queremos mejorar la productividad y la comercialización para convertirnos en una organización muy rentable. Pero también demostrarle a la comunidad que trabajando en equipo consigue muchas formas de mejoramiento comunitario, familiar, de los ingresos y la calidad de vida de todos los productores asociados”.